Más contenido sobre la alergia respiratoria:
dudas-alergologo

A diferencia de lo que ocurre con las vacunas convencionales (gripe, etc), las vacunas para la alergia respiratoria deben administrarse de forma prolongada – entre 3 y 5 años – para que el beneficio persista después de cesar su administración.

Las vacunas “comunes” tienen como principal objetivo prevenir la aparición de la enfermedad. Se administran de una sola vez – necesitando en ocasiones 2-3 dosis de refuerzo – y pretenden producir una respuesta específica del sistema inmune, que proteja frente a un microorganismo al que todavía no se ha expuesto quien la recibe.

Las vacunas para la alergia respiratoria, por su parte, se administran a un paciente que ya es alérgico. Es decir, a un paciente cuyo sistema inmune ya responde de forma desproporcionada frente a un alérgeno (aquello que le da alergia). Con la inmunoterapia, o vacunas para la alergia, mediante la administración de pequeñas dosis del alérgeno al que el paciente está sensibilizado, se consiguen las siguientes modificaciones:

  • Crear anticuerpos específicos que bloqueen o interrumpan la reacción alérgica que se produce en el paciente cuando se expone a la causa de su alergia.
  • Intentar igualmente corregir esa respuesta desproporcionada que ya se ha producido en el sistema inmune, para recuperar el equilibrio adecuado.
  • Y además, la cantidad de células responsables de provocar la reacción alérgica en el órgano de choque – en nariz, ojos o bronquios – disminuyen en número después de la administración de las vacunas para la alergia.

Para intentar conseguir todos estos cambios en el sistema inmune, y que sus beneficios persistan años después de interrumpirlas, las vacunas para la alergia han de administrarse de forma mantenida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *