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Dr. David González de Olano

El diagnóstico molecular permite detectar a qué partes o proteínas somos alérgicos de la sustancia que nos provoca síntomas. Por este motivo, el diagnóstico molecular es más preciso que el convencional y quizá sirva para orientar hacia tratamientos más específicos en el futuro.

El origen de las enfermedades alérgicas se basa en una respuesta alterada de nuestro sistema inmune frente a una sustancia externa. Como parte de esta respuesta alterada, nuestro organismo crea anticuerpos (denominados inmunoglobulinas E ó IgE) frente a la sustancia a la que nos volvemos alérgicos.

Así, cada vez que nos expongamos a dicha sustancia (denominada antígeno), el anticuerpo IgE reconoce ese antígeno y, fruto de esa reacción IgE-antígeno, se desencadenan los síntomas propios de la alergia.

Hasta hace pocos años, el diagnóstico de las enfermedades alérgicas se basaba en detectar IgE frente a aquello con lo que el paciente notaba síntomas (polen, alimento, etc.). Pero en los últimos años, las técnicas diagnósticas han evolucionado hasta el extremo de poder detectar IgE específicas frente a las diferentes moléculas que componen el antígeno al que somos alérgicos.

Es decir, son capaces de detectar qué proteínas concretas del polen o del  alimento son las que nos provocan la alergia. El diagnóstico molecular es por este motivo más preciso que el convencional, ya que permite evitar falsos diagnósticos (diagnósticos erróneos de alergia a varios pólenes o a varios alimentos que en realidad se deben a alergia a una misma proteína o molécula presente en todos ellos), y quizá sirva para orientar hacia tratamientos más específicos en el futuro.

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