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Nos podemos hacer alérgicos a muchas de las cosas que nos rodean. Basta con que nuestro organismo las reconozca como extrañas. Las sustancias que pueden provocar alergia (denominadas alérgenos) pueden clasificarse de muchas maneras.

Una de ellas es la forma de acceso al organismo. Así, diferenciamos alérgenos inhalados, aquellos que son transportados por el aire y que se inhalan. Fundamentalmente los pólenes y los ácaros, y en menor frecuencia los hongos y los epitelios de los animales.

Los alimentos pueden ser también alérgenos tras su ingestión. Cualquier alimento puede provocar alergia, aunque influyen en gran medida los hábitos dietéticos y la edad del paciente. En los niños, los alérgenos más habituales son la leche, el huevo y el pescado, mientras que en los adultos lo son las frutas, verduras, frutos secos y mariscos.

Diferenciamos también los alérgenos inyectados: las picaduras de insectos, y los medicamentos, que pueden también provocar reacciones alérgicas tras su toma. En los casos de alergia a alimentos, insectos y medicamentos, la principal recomendación es la evitación, en la medida de lo posible. Evitar los alérgenos que se respiran resulta muy complicado. En estos casos, además del tratamiento de los síntomas respiratorios, existe, en ciertos casos, la posibilidad de la vacuna para la alergia.

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